jueves, 29 de junio de 2017

SIESTA

Mes de agosto, tarde calurosa, en el umbral de las cuatro de la tarde las calles desiertas, hora de siesta en mi España dormida.

El sopor invade la habitación, me asomo a la ventana y, a lo lejos, puedo ver las hondas del Dorado dibujando el horizonte. Campesinos descansando a la sombra de los chopos, durmiendo otra dura jornada de cosecha; semblantes enrojecidos, inexpresivos; bocas entreabiertas goteando la sabia del descanso.

España duerme bajo una encina; allí donde se veta la entrada al astro Sol, allí donde está prohibido el paso al Dios Inti; hora sagrada; a las puertas espera Apolo con impaciencia, pero en mi Tierra reina la calma; el tiempo se detiene entre los maizales, álamos mecidos por Eolo, y el ambiente es calmo; silencio interrumpido por el griterío de las chicharras; los pájaros callan adormecidos en las copas.

La siesta….; obligado paréntesis; la duermen los campos de Castilla; regada por el Guadalquivir, es venerada por la Giralda….. Sevilla se acomoda al regazo de Morfeo y se cuelga su manto por montera; es el espacio sagrado; respeto sepulcral… ignominioso despertar, tardío, indeseado….

Poco a poco, despierta, bosteza con insolencia, se coloca las alpargatas de esparto y comienza a caminar de nuevo, pero eso sí despacio, desperezándose a su antojo; otro día, otra siesta, otro caminar, otro despertar y echarse a andar; ahora la siesta se acomoda bajo la almohada a la espera de un nuevo despertar.

5 comentarios:

  1. El verano de Madrid no es un verano cualquiera, las calles están casi desiertas a las cuatro de la tarde, los relojes gritan la temperatura en un libre albedrío, los suelos se cuecen y el olor emerge.
    El trafico se arrastra lento y cansino por las arterias de la ciudad, los andamios se reproducen, es tiempo de reparar. Y yo me pregunto, ¿porque Madrid se construyo en un sitio tan seco?, ¿porque los plátanos de paseo me recuerdan mi niñez en un lugar en el tiempo en el que la urbe era más amable y la gente más dulce?.
    ¡Madrid!, ¡cariño!, ¿que te ocurrió para cambiar tanto que ni la mismísima Susana encontraría su sitio en la verbena de la Paloma?.
    Los veranos de la villa, tienen poco de villa. Solo un recuerdo perdura en mi mente… nostalgia, nostalgia…unos columpios al sol, chirriando al va y ven de un niño pequeño que siempre anhelara esos veranos de Madrid que con avidez saboreo hasta la última gota en una infancia feliz.
    ¿Dónde esta mi amado Madrid?..... Ya solo es una reminiscencia me temo…

    ResponderEliminar
  2. ¡¡Precioso!!; me encanta, me transporta a mi infancia a la velocidad del rayo. Quisiera estar allí aunque sólo fuera unos segundos; volver a sentir el candor de la inocencia, el abrigo materno, el aroma sutil y fugaz de la infancia.

    ResponderEliminar
  3. Me alegro que te guste

    ResponderEliminar
  4. Me enorgullece tu comentario. Gracias.

    ResponderEliminar

Deja aqui tu comentario y sera revisado para su posterior publicación. Gracias.