sábado, 20 de diciembre de 2014

QUERER O NO QUERER, NO ES PRECISAMENTE UNA CUESTIÓN

Amaneció con luz tibia y cielo encapotado; era de aquellos días en los que me planteaba parte de mi existencia; el deseo de querer o no querer, el ser o no ser, el…. me conviene o tal vez no, todo aquello que una se pregunta cuando el día está disperso y los pensamientos flotan. Volvía a encontrarme en otra encrucijada; necesitaba respuestas, encontrar soluciones, direcciones nuevas con la frescura del rocío. Necesitaba tomar decisiones en firme y no retroceder de nuevo; ¿sería capaz de hacerlo?; ¿pondría por fin, final a aquella tortura?.

Me asustaba el arrepentimiento; viejo amigo que gustaba de acompañarme a menudo en las cuestiones del corazón; y una vez más, el caldo espeso de larvas de mi memoria se entremezclaba con mi sensatez y mi cordura. Aquella situación me hacía daño, lo sabía muy bien. Tiempo perdido, inerte, inmóvil, sin sentido; vuelta a empezar y una y otra vez la rueda interminable me hacía girar al compás de la incertidumbre.

Buscaba algo tan simple como el sendero de la sencillez; un ápice de sosiego, tranquilidad, olvidarme por unos instantes de aquella relación; remontarme y alcanzar las dunas de un espíritu libre, desinhibido, sin trabas, sin reglas ni imposiciones, necesitaba libertad…..

Seguiría buscándola hasta la llegada del ocaso, sin duda; la encontraría seguro, adormecida entre mis cabellos al recostarme sobre mi almohada; su aroma rodearía mis sentidos y entre mis manos salpicarían chispitas de locura y sinrazón. Se alojaría en mis pupilas al anochecer y amanecería renovada, segura y al fin…..con la tranquilidad de la reflexión en mi corazón.

3 comentarios:

  1. Siempre que he podido me he lanzado al rio, aunque no se nadar bien, pero no suelo alejarme de la orilla, ni buscar aguas turbulentas, pues me asustan, pero intento no olvidar la sensaion que me produce bucear, ver los peces, tocar la arena, pero no soy capaz de avanzar mas lejos de lo que mi fuerza da para llegar de nuevo a la orilla.

    ResponderEliminar
  2. Una preciosa exposición metafórica.
    A medida que nos vamos haciendo mayores sentimos miedo cuando nos alejamos de la orilla; tememos no poder regresar y quedar solos en el inmenso océano. Tendemos a buscar la seguridad, el apoyo, el calor del hogar, la familia y los amigos, es lógico; son pocos los que se aventuran a lo desconocido, por muy sugerente que nos parezca.

    ResponderEliminar

Deja aqui tu comentario y sera revisado para su posterior publicación. Gracias.